
¿QUIÉN PAGA LOS PLATOS ROTOS EN VILLA ALTAGRACIA?
Hay cosas que duelen más que el aumento del pasaje.
Duele la indiferencia.
Duele la sensación de que, pase lo que pase, el que siempre termina pagando los platos rotos es el mismo: el ciudadano común.
Ese que se levanta cada día a las 5:00 a.m.
Ese que trabaja fuera del pueblo.
Ese que no tiene más opción que cruzar ese peaje.
Aquí en Villa Altagracia, el 95% de los que trabajamos fuera del pueblo tenemos que cruzar ese peaje todos los días.
No porque queramos…
sino porque es la única forma de buscar el sustento.
Y ahora ese camino cuesta más.
Mucho más.
Ayer vivimos un paro.
Fue bien recibido por muchos, y aunque tuvo buenas intenciones, hoy nos preguntamos:
¿Realmente fue eficaz?
¿Lo sintió el gobierno… o solo lo sintió el pueblo de Villa Altagracia?
Porque este lunes, nos encontramos con algo peor:
el aumento del pasaje.
Y vuelvo a preguntar:
¿Quién está pagando los platos rotos?
Nos dijeron que todo esto era para proteger al pueblo.
Que era para evitar afectara al villa altagraciano.
Pero los hechos dicen otra cosa…
Hay sectores que han querido sacar ventaja de la situación.
Y parece que algunos están dando gracias al aumento del peaje…
porque ahora ganan más que antes.
Alegan que el aumento es para compensar…
Pero cuando uno saca cuentas, algo no cuadra.
Los carritos transportan 6 pasajeros. Con el aumento, recolectan 150 pesos más.
Pagan 100 de peaje. Les quedan 50 limpios.
Las guaguas transportan 30 pasajeros (sin contar los que van de pie o en los «asienticos»).
Con el aumento recaudan 750 pesos extra.
Pagan solo 200 de peaje…
Les quedan 550.
Y entonces…
¿Quién está compensando a quién?
¿Considera usted justo ese aumento del pasaje?
Aún aumento para nada equitativo
¿Debe el pueblo pagar… para que otros ganen el triple?
NO ES JUSTO.
Y NO ESTAMOS DE ACUERDO.
Nos prometieron que las decisiones tomadas, no afectarían al trabajador.
Pero cada día que pasa, la carga sobre nuestros hombros es más pesada.
Y aún así, nos piden que no digamos nada, que no reclamemos nuestro derecho. Que lo aceptemos. Que nos callemos.
Pero el silencio también cuesta:
Cuesta dignidad.
Cuesta justicia.
Cuesta esperanza.
Las guaguas y los carritos tienen sus sindicatos que los defienden y en estos casos, son juez y parte, anteponiendo casi siempre sus propios intereses.
Pero…
¿Y el pasajero?
¿Quién defiende al pasajero?
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que nos sigan cargando la cuenta a nosotros?
Tal vez ha llegado el momento de preguntarnos:
¿Y si también tenemos que organizarnos?
¿Tendremos que entrar en el juego y formar nuestro sindicato de pasajeros?
No para atacar…
Sino para proteger lo único que tenemos:
Nuestra voz.
Nuestros derechos.
Nuestra dignidad.
Porque si no reclamamos, si lo dejamos pasar,
mañana todo será más caro, más injusto… y más doloroso.
Porque un pueblo que no reclama,
es un pueblo que termina pagando por todo…
incluso por lo que no le toca.
Y Esto no es una queja.
Es un llamado.
Un llamado a pensar.
A conversar.
A unirnos.
Porque cuando el pueblo se une,
las decisiones no pueden seguir siendo tan injustas.
Y cuando el pueblo despierta,
ningún abuso puede seguir siendo normal.

MARAVILLAFM Alegría dominicana para el mundo





